Carta a Alvaro Henríquez

Alvaro Henríquez. Primero que todo, que bueno que sigues vivo, que bueno que la vida te de nuevamente una oportunidad de reivindicarte con ella y de vivirla de manera más saludable. No tengo idea de cuántos años tienes, pero conozco tu carrera musical, sé sobre tu historial de abuso de sustancias y alcohol, y también he sido testigo de cómo arruinaban tu personalidad cuando estabas alrededor de nosotros los “simples mortales” ( asumiendo que eran las drogas las que te hacían tan arrogante y que no es tu verdadera personalidad). Conozco tu música desde que era muy chica, principalmente porque en mi familia hay hartos músicos. Los mas influyentes en mi vida han sido mi hermano- que compartió escenario con tu grupo a principio de los 90 en Puente Alto- y mis primos. Uno de ellos autodidacta total, el menor de los tres, único en su especie, un loco querendón y buenísimo de corazón. Recuerdo con una sonrisa en mi cara los momentos en los que lo comparaban contigo Físicamente, ya que ya fuera gordo o flaco, siempre alguien le decía que se parecía al tipo de los tres... Tal como tú, el poseía un talento único, y otra similitud que tenía contigo eran los demonios. Somos una familia que sufre de ansiedad y crísis de pánico en gran parte de sus integrantes ) yo incluida). Mi primo fue uno de los primeros de nuestra generación en manifestarlas. Si bien ayudó a todos los demás que le seguimos en algunos momentos a manejar esa ansiedad, él no pudo con la propia, y para controlar o para adormecer las tormentas de la mente, se refugiaba también en el alcohol. En 2009, sufrimos la partida de mi tía, su mamá, producto de un cáncer hepático producido por medicamentos de los cuales ers dependiente por distintas patologías como Hipertensión y Diabetes. Parte de mi primo, que era el menor de los hijos, se fue ahí, con ella. Avanzamos 7 años y nos encontramos con mi primo hinchado, amarillo, asustado, y sin asumir su abuso del alcohol, del cual muy pocos se dieron cuenta, ya que él “funcionaba normal” siempre dentro de su excentricidad. Hasta poco tiempo antes tenía su trabajo, y hasta noches anteriores a ser internado en el hospital, seguía su amor a la música con sesiones improvisadas que eran para él o para algunos de sus amigos. Quince días estuvo internado antes de fallecer a sus prematuros 45 años, ya que su daño hepático había sido auto-provocado, por ende, no existía ninguna posibilidad de un trasplante en el sistema de salud público, y el mismo hospital que lo vio nacer, el que lo vio desarrollarse como profesional de la salud, a él y a sus padres, lo desahució. El último día no fueron siquiera capaces de avisarnos que ya se había ido. Nos enteramos al visitarlo y encontrar su cama vacía. De seguro los prejuicios que rondan esas salas pensaban que el “curadito” no le importaba a nadie, a pesar de ver a su padre cansado cuidándolo hasta que podía y pidiendo a veces ayuda que nunca llegaba. Cuando supe sobre tu transplante debo reconocer que me dolió en el alma, porque de seguro a ti nadie te dijo que no era viable por ser un daño auto infringido, sólo vieron tu billetera, contactos y demases. Lo que la mayoría de los mortales no tenemos. El dolor y la rabia ya pasaron, pero me gustaría pedirte, en memoria de los que partieron por no ser alguien como tú, que cuides la bendición que se te ha dado. Tú hoy decidiste cargar con la gran responsabilidad de hacer valer tu compromiso, y que se cumpla a cabalidad, y que vivas hasta los 150 años cuidando ese hígado que para la salud pública no eras merecedor de recibir, tal como no lo fue mi primo. Con mi familia no te tenemos fe, pero en fin. No te conocemos y a lo mejor nos equivocamos. Pruébanos que estamos equivocados, y demuestra que una segunda oportunidad la merecen todos. No es una opción, es tu total responsabilidad.

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